lunes, 15 de julio de 2013

Uno.

Y aquí estoy gracias a una idea, un impulso o simplemente casualidad. ¿Casualidad?, me gustaría pensar que existe esa combinación de circunstancias que no se pueden evitar, que están siempre ahí por algo. Muchas personas creen en ella, ciertas situaciones vividas o por vivir tienen ese toque mágico que hace que se crea en la casualidad. Quién sabe, algún día alguien vendrá y nos cambiará nuestras respuestas acerca del mundo. Como iba diciendo, no sé cual ha sido la causa de acabar aquí y hacer este blog, quizá sean las ganas de escribir acerca de mis pensamientos, de mis idas y venidas, de música, lugares, libros, de la vida.
Solo son letras que se unen y forman palabras, frases y párrafos con o sin sentido que te gustan, las odias o las ignoras. Unas las recuerdas porque significan algo especial para ti y son grabadas en tu mente como canciones, declaraciones o versos, otras las olvidas y las encierras en un cajón para no verlas nunca más, todas ellas tienen su significado aunque en ocasiones creas que no.


Esta primera entrada quería realizarla para presentarme, pero como no se me da bien hablar de mi directamente, lo haré a modo de "cuento" para que poco a poco me entendáis. Ahí va.


Ana era esa niña vivaracha y sonriente que vivía en un pequeño mundo de colores y vitalidad. Siempre evitaba lo triste y lo melancólico, estaba arraigada a lo vital, a la vida y los sentimientos. Vivía siempre con la idea de ir cumpliendo sueños a corto plazo, pensando en el presente, con el pasado formando parte de ella pero nunca sin olvidar el futuro. Desprendía positividad y hacía sonreír, al menos una vez en su vida, hasta a la persona que más odiaba. Le gustaba la verdad, le gustaban las personas que le decían cara a cara esas palabras que no quería oír aunque fueran necesarias. Sentía miedo de las novedades, pero una vez superadas quería más y más, no se cansaba de conocer, abrir nuevas puertas y ventanas, insistir en lo que más quería. Era una luchadora y aunque a veces sintiera el mundo del revés, siempre encontraba una razón para continuar. Porque, aunque esté todo gris y mal, si existe una única razón buena, ella pensaba que merecía la pena no tirar la toalla, continuar. Cierta ocasión la inocencia jugó con ella y aquel invierno cambiaron demasiadas cosas. Pozos y abismos que con el paso de los meses superó y así consiguió hacerse más fuerte. Ella seguiría viviendo en su colorido y ruidoso mundo siempre con alguna razón para luchar, siempre con la frente en alto, siempre fuerte hasta el final.


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