martes, 15 de abril de 2014

Pero quién quiere encontrarse si nunca se ha perdido.

Me hago tantas preguntas. Tantas preguntas insignificantes que acaban olvidándose en tardes de lluvia. Tardes de esas en las que no puedes evitar recordar todo lo bueno que poco a poco se desvaneció, de la noche a la mañana, en un parpadeo, tan directo como cuando unas simples palabras formando frases te borran la sonrisa de la cara en un segundo y todo ese mundo de dos desaparece dejando una lágrima correr como una gota de agua sobre un cristal empañado. ¿Y qué sentido tuvo? Todo estaba distorsionado por sentimientos ajenos que ya no eran tan brillantes y felices como creí que lo habían sido. Y piensas en ello, es un bucle que parece infinito y te sientes tan atrapado que quieres salir, salir y salir pero te das cuenta de que ya estás dentro, hundido y atrapado hasta las rodillas. Y me recreo en esas miradas serias, en las típicas palabras vacías que nunca quieres oír, en la última vez que fuimos, en atardeceres de Madrid.

 Sonidos de tambores en el corazón de ilusiones rotas. Ilusiones. ¿Por qué son tan fáciles de crear? Siempre creyendo en ellas, imaginando que el presente no nos engaña y lo que sentimos es de verdad. Y ves, aquí lo tienes, uno de mis mayores defectos. Siempre siendo tan ilusa, seduciéndome y emborrachándome de imaginaciones futuras creyendo que algún día pueden acabar cumpliéndose. Tan fáciles de romper como una hoja seca en otoño. Que bonito sería si todo fuera de cuento, creando la historia sabiendo que se va a cumplir, que el príncipe azul será feliz eternamente con la estúpida princesa que siempre tiene demasiadas esperanzas en la cabeza.

Así fue. Como aviones cruzándose en la noche más negra. Se fueron sin verse, sin promesas, sin ser. Me llevé los bolsillos llenos de desilusiones y silencios de despedida que quería perder por el camino andando sin rumbo por una calle que odié. Fue un día nublado que parecía sacado de una película melancólica en donde los protagonistas salen perdiendo, en donde todo toma un matiz dramático y absurdo con un final en el que no sabes que sentir. Una película que ni siquiera sabes si te ha gustado, una de esas que no llegas nunca a entender pero que sin darte cuenta te encuentras llorando intentando entender por qué él se fue si aún tenían tanto que decir. 

jueves, 20 de marzo de 2014

¿Antojo o promesa? Yo lo llamo ambición.

Cuando un día sin pensar, sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué te das cuenta de todo. Salen a la luz esos sentimientos e ilusiones que estaban tan ocultos debajo de mi piel bajo capas de inseguridad e incertidumbre. Sin saber qué está pasando, sigue ahí todo ese deseo de luchar por algo tan importante que creía tener olvidado, guardado o incluso roto definitivamente. Pero de repente sin quererlo todo fue un conjunto de circunstancias. Una conversación clave, un lugar, un día agotador y un simple “y si…” apareció de manera sencilla en mi cabeza. Como si de una flecha enorme se tratase, todo apuntaba en una misma dirección a un mismo objetivo.

Parece tan absurdo que al principio lo consideras una pérdida de tiempo, algo que ni siquiera hace unos meses le dedicaba un segundo a imaginar. Vivía mi vida rápido para no pensar, evitando todo aquello que me recordaba a mi meta. Pero cuando apareció ante mí la respuesta a mis preocupaciones fue inevitable no acogerme a ella como mi última opción factible, por mucho que en otra época prometiera no volver a hacerlo.

Entonces comencé a asimilar todas estas señales que me hicieron cambiar de mentalidad y descubrir que todavía en el fondo tenía esa espina clavada, por lo que decidí que tenía que sacarla o al menos evitar que sangrara más. Y  eso, se como hacerlo.  Ese “algo” dentro de mi me decía y me sigue diciendo ahora, que, al menos por una vez más y para dejar mi conciencia tranquila, seguiré intentándolo y luchando por conseguir aquello que tanto me ha gustado y me sigue gustando. Quizá sea una pérdida de tiempo y no sirva para nada, un esfuerzo desaprovechado y malgastado, pero tampoco puedo cerrarme puertas sin ni siquiera haberlo vuelto a intentar. La esperanza es lo último que se pierde y  prefiero pensar que todo esto es posible.

jueves, 6 de febrero de 2014

La mañana es una fiesta en la que hay que entrar desnudos.

¿Por qué el cielo está más azul? ¿Qué le has hecho? ¿Por qué ya el aire no parece tan frío, ni las noches tan silenciosas? ¿Qué pasó con los diciembres tristes y las tardes melancólicas? ¿Por qué hora los días son tan brillantes y las palabras tan sinceras y poderosas?

Esa sensación de creer que nada malo puede suceder, esa. La de vivir en una burbuja tan resistente y perfecta que crees que nunca podrá romperse. Porque cuando los anocheceres tienen nombre no importa si estás en el pozo más oscuro y mugriento o sobre la montaña más alta y luminosa. Sientes que no hay razones por las que mirar atrás y mucho menos razones por las que lamentarse no estar en otro lugar o en otro posible futuro. Porque aunque me intente convencer de que existe la suerte, prefiero creer en las circunstancias, es decir, en los accidentes que ocurren en el tiempo y están unidos a la vida de alguna manera.


Me gusta creer que es posible, por ello quizás cada vez soy más paciente conmigo misma y prefiero pensar que lo mejor está por llegar, que siempre puede haber algo mejor, algo por lo que mejorar. Pero cuando de mucho en mucho tiempo te ves envuelto, rodeado y atrapado en una inmensa energía positiva, deslumbrante, llena de casualidades y felicidad, no consigo evitar que aparezca una sonrisa en mi cara. Y te preguntarás por qué. Todo es tan sencillo, simplemente apareció.  

domingo, 22 de diciembre de 2013

Sonrisas frente al espejo.

¿Nunca te has parado a pensar en todo lo bueno que te rodea? Siempre estamos quejándonos de todo, de simples problemas cotidianos que nos ahogan en días oscuros. Andamos por la vida rodeados de nuestro pequeño mundo pensando en todas aquellas historias y tontas desilusiones que nos impiden ser todo lo felices que nos gustaría. Otras veces nos encerramos en profundos pozos de preocupaciones absurdas y sin sentido. ¿Por qué? ¿Por qué siempre tiene que haber algo que nos fastidie los momentos brillantes?
En el fondo no nos damos cuenta de todo lo bonito y fantástico que podemos encontrar en cualquier lugar. En una simple mirada, una palabra o una buena mañana en uno de los días más soleados de invierno. Solo tenemos que pensar y darnos cuenta de que en ocasiones todos esos grandes problemas que  formamos en nuestra cabeza no son más que las réplicas de un simple día malo, un conjunto de consecuencias débiles, falta de sueño, o de casualidad.
Un simple cambio de mentalidad puede hacerte mejorar en todos los sentidos. Debemos ser positivos y aunque lo veamos todo negro, buscar siempre una sencilla razón por la que continuar y ver que todo no es tan malo como  parece, no todo lo malo dura para siempre. Solo tenemos que despertarnos y sonreír, ser felices.

Ahora el invierno y la navidad vienen tan cargadas de nostalgia como siempre. ¿Dónde quedaron esas navidades oscuras de hace años? Qué más da, no es momento de ponerse tan melancólico y pensar en momentos o personas que echamos de menos o en todo aquello que pudo ser y no fue. Ahora todo se renueva, las épocas cambian según las direcciones de nuestros pensamientos, como si de una ventisca de aire se tratase, todo se revuelve y de nuevo vuelve a colocarse en otro lugar. Y en ocasiones la vida da un giro tan inesperado que hace que todo cambie. Dejas atrás recuerdos buenos, malos o muy buenos. Pero todo continúa y los ciclos se cierran y se abren. Sobre todo se abren a nuevas sensaciones y momentos felices que vivir, porque no debemos quedarnos anclados en el pasado, anclados a miradas, a recuerdos de noches frías o a personas. Ahora hay que aprovechar al máximo todo lo bueno que está por llegar y vivir cada segundo buscando aquello que nos hace fuertes, felices y mejores personas

miércoles, 30 de octubre de 2013

Por lo que muere, por lo que nace.

Dejaremos de necesitarnos. Todos lo sabemos: tú, yo, ellos, e incluso el niño que se columpia en el parque ajeno al mundo que le rodea. Será progresivo y simple como un suspiro en una noche de nostalgia y silencio. Queriéndolo o no, sucederá. Todo el mundo está envuelto en su propio mundo de logros y fracasos, de expectativas. Porque todos tenemos expectativas y algunos no pararán hasta conseguirlas ya sean abandonando su pasado o pasando por encima de los demás. Y luego, me pasa lo de siempre. Me pongo a pensar en las personas y llego a las mismas conclusiones. Algunos solo se dedican a ellos mismos buscando su propio beneficio sin pensar en nadie más, otros quieren abarcar tanto que al final se quedan sin nada.

Todo se reduce a una densa dispersión de gente intentando encontrar su felicidad en momentos, lugares o personas. La hipocresía va llenando nuestros días de auto-engaños y falsas sonrisas que cada vez se desvanecen antes. ¿Por qué esas caras largas si sabíamos que llegaríamos a este punto? El tiempo últimamente me demuestra cada vez más. Yo, sinceramente prefiero quedarme con aquellas personas que brillan y que te miran a los ojos diciéndote las cosas tal cual son, sin engaños, ni intenciones ocultas. Mirando cada día, cada amanecer sonriendo a todo aquello que comienza y merece la pena.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Dicen que si no te mata, te hace más fuerte.

Septiembre, nueva etapa comienza. Después de demasiados unos días para pensar, aquí estoy de nuevo, frente a esta pantalla con un par de ideas absurdas, recuerdos borrosos y demasiadas ilusiones dando vueltas por mi cabeza.

Creo que este año está haciendo demasiado en nosotros. Nos está haciendo madurar, caer y levantarnos, pensar en nuevos futuros, olvidar pasados que todavía forman parte nuestra, nos está haciendo ver la realidad de demasiadas cosas, de golpe y sin airbag, con miedos o sin ellos. Además está haciéndonos ver como son ciertas personas en realidad, sin disfraces, sin telón, sin personajes, solo nosotros, personas en un mismo entorno, en una misma vida. Puede que todo pase demasiado deprisa, como es mi caso. Parece que hace dos días estábamos dando la bienvenida al año con alguna copa de más e ilusiones sin romper y ya ves ahora, llevamos más de medio año vivido y con solo un sorbo de vacaciones en el vaso. Sinceramente estoy aprendiendo demasiado de ciertas experiencias, ya que todo está ocurriendo demasiado deprisa y sin botón de pause (por desgracia). Un día te encuentras en una misma habitación llena, con amigos y luchando por cerrar un ciclo y al día siguiente te encuentras en el mismo lugar con desconocidos y apenas un par de aquellos amigos que tenías al principio. Sí, todo cambia y por momentos te sientes frustrado, engañado o simplemente tonto. Tonto por confiar en personas que no lo merecían, por ayudar a gente interesada y por perder el tiempo con ellos. Como ya he dicho, este año va a dejar una gran cicatriz en nosotros que no vamos a olvidar fácilmente, porque cuando la miremos va a recordarnos esos momentos y va a hacernos mas fuertes al saber que vamos a poder enfrentarnos a eso y mucho más en el futuro.

Ahora estamos aquí, preguntándonos que nos espera en la calle tras cerrar la puerta de nuestra casa y abrir otra muy distinta unos cuantos pasos más allá. Nos seguimos preguntando cómo estamos después de que hayan pasado semanas sin vernos, pero seguiremos como ahora, sin hacer nada por remediarlo, metidos en nuestro propio mundo. Unos dejaremos que pasen diferentes y nuevas almas por él, mientras que otros cerrarán las ventanas del suyo sin querer saber nada de nadie, siendo unos necios sin corazón que no recordarán que un día les sacaste las castañas del fuego pudiendo haberles dejado que se quemaran en él.
Y la vida continuará así, demostrándonos cosas que quizás no queramos ver todavía. Tendremos que decidir caminos sin ni siquiera tener tiempo para elegir y fracasaremos más de una vez enfadándonos con nosotros mismos buscando a alguien a quién echar las culpas. Pero todo continúa y aunque puede que ahora pensemos que no tenemos la ‘suerte’ suficiente, tarde o temprano llegará un nuevo giro que nos hará encontrarnos con una oportunidad, con una ilusión o con determinada persona especial. Entonces miraremos a la vida con otros ojos, olvidaremos los fracasos y las desilusiones y miraremos a la vida de manera positiva desprendiendo un brillo que nos hará mágicos y poderosos.

domingo, 11 de agosto de 2013

Mi monólogo interior.

Otra vez yo, yo y mis pensamientos fugaces que sintonizan en mi cabeza. Algunas veces no se callan, más bien me gritan queriendo decirme que actúe y logre hacer lo que el miedo o el qué pensarán me frena. Están atrapados, los ignoro y se enfadan, se ocultan, y salen el día menos inesperado haciendo que todo lo que tenía premeditado se esfume como una gota de agua en un incendio. Y cuando aparecen, no existe remedio para evitarlos. Mis pensamientos nunca callan hasta ser escuchados. Se retuercen, molestan y pican tanto que al final caigo en su juego. Siempre me ganan, me vencen y aparecen ahí, en letras mayúsculas y en cualquier momento sin previo aviso. Siempre sé que al final esto pasará aunque en la mayoría de las ocasiones intento alargarlo lo máximo posible. En realidad siempre me pregunto por qué lo hago si al final acabo escuchándolos ya sea a la fuerza, o no. Creo que la única razón razonable de tanta opresión es el temor de conocer la verdad y realidad de lo que mi subconsciente me ofrece. 

Una vez abiertos mis canales comunicativos, todas las frases dichas, miradas, decisiones, imágenes, recuerdos, problemas y soluciones pasan por mi cabeza como si se tratasen de coches en un circuito de Fórmula 1. Tanta información se colapsa hasta que poco a poco dejo que todo fluya, entonces comienzo a comprender las cosas. Encuentro el problema de tanto conflicto entre mis pensamientos contradictorios y todo se vuelve tan sencillo y luminoso que acaba reduciéndose a una palabra: cambios.

Esta palabra siempre va unida a un “renovarse o morir” o a cualquier otra frase positiva como “solo se vive una vez”. Entonces comienzo a pensar en qué pasaría si me olvidara de todas esas personas que ya no me importan nada, que alguna vez fueron amigas, amigos, o algo más. Creo que ese “miedo” de no querer escuchar en un principio viene de esto, de los cambios que me harán pasar de personas que fueron importantes para mí, aunque ahora se me haga difícil recordar por qué lo fueron. Pienso que a lo largo de la vida pasan muchas personas por uno mismo. Unas se quedan,  otras llegan y se van, otras llegan, te marcan y se van y otras definitivamente se marchan. En ocasiones me encuentro con el valor suficiente para hacerlo, es decir, llegar un día y decirle a determinada persona que no siga hablando, que me da igual su vida, que deje de contármela porque no me importa en absoluto, que me parece falsa, que me ha fallado demasiadas veces como para seguir queriendo amistad, noches de fiesta, un hombro en el que llorar o lo que sea. En ocasiones, me pasa.

Tras darle vueltas a mi cabeza y alguna más de la cuenta, siempre vuelvo al inicio, al autocontrol. Me doy cuenta de que estos pensamientos chillones anteriores  siempre casi siempre llevan toda la razón, no sé por que me contengo a escucharlos si solo dicen gran cantidad de verdades que pienso. Tantas cosas evidentes que nadie se atreve a decir. Solo me queda decir que yo, soy una pobre ilusa al pensar que algún día todas estas verdades no explotarán en voz alta.