viernes, 6 de noviembre de 2015

Personal introducción a los impulsos errantes.

Y aparecieron las ganas de huida. Otra vez, ahí estaban en ese momento en el que tu mente volaba en otra dirección a la que llevaba el autobús en el que ibas montada. En este caso no eran ganas de escapar de Madrid y de todo lo que hay en ella, simplemente eran  ganas de sentirse viva.
Creo que todo el mundo debería encontrar eso que le hace revivir y sentir esa ilusión por la vida, no hay que caer en ese torbellino de rutina que amenaza cada semana con atraparnos, no dejarnos escapar y volvernos a todos unos malhumorados todas las mañanas. Cuando lo encuentras no quieres parar, te vuelves en un adicto inseparable de su droga, tan potente que te asustas y preguntas si esto afectará a tu vida tanto como crees que podría llegar a hacerlo.
  
Yo me considero adicta a la improvisación. No soporto tener planeado a la perfección cada día, semana, futuro... ¿Por qué las personas quieren tenerlo todo controlado? Es imposible, aburrido y estresante. No siempre todo va a salir como piensas y luego vienen las desilusiones. Los días me han hecho darme cuenta de que lo mejor es ir viendo lo que depara el día a día. La espontaneidad es lo mejor que existe y vivir por impulsos no siempre tiene por qué salir mal. Sentir esa energía de estar haciendo lo que quieres en el momento justo y preciso, no importa el futuro. No hay por qué darle tantas vueltas a todo ni pensar qué es lo que puede pasar en días posteriores si ahora tomo esta determinada decisión. Personalmente necesito tener experiencias, vivir y sentir la naturaleza, la esencia de la novedad.
A veces podemos experimentar ese miedo al caminar sobre ideas nómadas. Las nuevas situaciones a las que podemos enfrentarnos o la sensación de dejar atrás caminos que al final no tomamos. Pero, considero que eso forma parte de nuestro aprendizaje, dejar sangrar emociones, dejar que curen y pasen por nosotros mismos el tempo necesario, sin reprimirnos. Esto es lo que necesitamos para poder evolucionar como personas. Y es ahí cuando entonces aprendemos que todo evoluciona, no nos mantenemos estáticos ni pegados a un momento, lugar, persona o sensación.

La certeza de saber que somos dueños de nosotros mismos es lo que más me seduce de la vida. El encanto que tiene todo lo desconocido como los lugares a los que viajar, culturas que conocer, personas, sentimientos, vivencias...  ¿Por qué no comenzar ya? La libertad y la simple belleza de la vida son algo demasiado valioso como para desperdiciarlo. 

lunes, 20 de julio de 2015

Lánzame, puedo volar.

De repente todo se ilumina y tus respuestas se encuentran frente a frente contigo mismo. Todo lo que veías tan difícil aparece como un sol brillante, enorme y esperanzador en tu mente. Qué claras se ven las situaciones cuando desaparece esa niebla de negatividad y pasividad que se mantenía pegada al cuerpo hace apenas unos días. Todo son etapas, momentos, líneas y puntos, luces en una noche, pájaros en la mañana.

Sentirse encerrado en uno mismo no sirve absolutamente para nada y, llegados a este punto, mi mentalidad está dando un giro completo llegando al camino que siempre había soñado. Puede que esas charlas de madrugadas veraniegas por Madrid en presencia de un "desconocido" o momentos de euforia en tardes calurosas me hayan hecho darme cuenta de todo. Al fin y al cabo, las aventuras inesperadas en días clave son lo que más nos marca. Recuerdos de momentos, aventuras, anécdotas que nos dan un toque de atención y nos hacen ver que la vida todavía no ha hecho nada más que empezar y que quedan muchas más sorpresas que descubrir.
Ahora estoy en un momento en el que pienso que debemos aprovechar y disfrutar de cada día, mantenernos ocupados mañana y noche en disfrutar de lugares con magia que nos encantan, descubrir  otros muchos más, conocer personas, disfrutar con los de siempre y sobre todo no arrepentirnos de no haber dado todo de nosotros en cada instante de nuestro recorrido por este universo.

Ahora y siempre mantenernos en nuestro estado más vital, ese que nos llena completamente y nos hace estar vivos, en donde sentimos nuestra propia esencia en su máximo esplendor. Sentir esa energía positiva de haber encontrado algo que nos gusta y luchar por ello, dejarnos la piel en conseguir todo lo que siempre hemos soñado. ¿Por qué no lanzarnos a volar? Arriesgar y confiar en una idea y que nadie nunca nos borre la ilusión de la sangre. Que no nos afecten los comentarios, ideas o palabras absurdas de otras personas que quieren hundirte. No hay que creer que algo no crece, que no pasa nada simplemente porque no ves su crecimiento, las grandes cosas crecen en silencio.

Es momento de vivir, de dar todo de uno mismo, de vibrar con la felicidad, la recompensa, el esfuerzo, las ganas, la ilusión, las miradas, la vida. Es momento de coger caminos, empezar etapas, mantenerse constantes, activos y siempre nosotros mismos.
Ahora me siento recargada, con las ideas claras y con ganas de aprender, equivocarme, caer y levantarme, descubrir olores, sonrisas, pensamientos y sentimientos nuevos. Con ganas de seguir escribiendo mi vital historia con más energía fluyendo por todo mi cuerpo y de la manera más positiva jamás vista.


No te lamentes, sal a la calle y resplandece.

lunes, 16 de febrero de 2015

Cuando viene tu futuro preguntándote por ti.

¿Nunca te has parado a preguntarte por qué lo haces? Ciertas emociones nos llevan a actuar de una manera determinada, sin pensar o simplemente por inercia. A veces echamos de menos que ocurran ciertas cosas, llamas que queman, sentimientos de verdad y no toques de pequeñas semejanzas. Esos momentos en los que aunque estés dentro de un huracán, en realidad no sientes absolutamente nada. Sin saber por qué, abres cicatrices simplemente para sentir algo y entonces empiezas a cerrar puertas que se encontraban entornadas o abandonas aquellas cerradas aún teniendo la llave. ¿Por qué? No lo sé, es necesario cerrar y abrir, abrir y cerrar sentimientos, heridas, bocas, etapas...  Puede que no siempre sea así o quizá es que sea mi forma de ser, pero, ya me he cansado de encontrarme en este absurdo espacio dilatado cargado de dinamismo y a la vez tan lleno de indiferencia. Con esa poca capacidad de decisión y energía  acabas de matar a casi todas mis mariposas y las pocas que quedan luchan por volar y billar en otra vida más luminosa. Unos vienen, otros se van. En realidad todo es tan sencillo, la respuesta la tenemos en nuestra cabeza y no necesitamos que nadie nos diga lo mismo de diversas formas. Sonaba mil veces en mi cabeza y aunque a veces no lo quiera escuchar, todo está dentro de mi, no hace falta que nadie me diga lo que en realidad ya se.

Esta insultante neutralidad acaba de terminar. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Rompiendo el calendario de números oxidados.

Permanecer en el aire flotando y fluir entre aromas que te recuerdan personas, lugares, épocas. Envolverme en el invierno de una bufanda, colgarme del viento para llegar a tu nariz. Y encontrarme entre los aromas del mes más frío del año para poder respirarme. Todo fluye y se conecta, los caminos quieren llegar a mis pisadas, tus brazos a mis abrazos, mi sonrisa a tu mirada, mis oídos a tus palabras. Solo tienes que encontrar el punto exacto donde mi piernas tiemblen y entonces caiga en un abismo de decisión. Y transpórtame a ese lugar donde te llevas mis penas de marzo y encuentras las alegrías del mes de las ciudades iluminadas. Dicen que allí, donde se encuentra mi verdad, puedes descubrir más de lo que las palabras dicen, más de aquello que no puedes contar pero acabas conociendo en noches donde las botellas vacías están presentes y el fuego está en tu boca.

Es tan simplemente complicado que lo lograrás si sabes romper las reglas de de mis ideales. Convénceme de que el horizonte está cerca, que el futuro es una falsa dimensión y que tu alegría es también la mía. Descúbreme en la locura de los presentes y guárdame en la memoria del corazón. Pintémonos con recuerdos que no traigan la nostalgia de la mano si no una sonrisa por todo lo que viviremos. No me permitas pensar que mataría por diez minutos más, ni evites que encuentre respuestas de tus guiños y sonrojos. Que sea una historia sin brújula ni rumbo fijo, una aventura de peleas dulces y sábanas arrugadas. No lo intentes, consíguelo en los rincones de lo inesperado, en imprevistos de miradas que encajan perfectamente en nuestros vértices.

No me busques, pero acábame encontrando. Conviérteme en el deseo de una noche de estrellas fugaces donde tus ojos son el cielo y los míos el campo. Conviértete en la estación donde no existe el tiempo y quiera quedarme a vivir. No me hagas preguntarme si eres mi  cálido destino, simplemente haz que lo sepa y sobre todo, permíteme conocer el sabor de la victoria de tu cuerpo, la deliciosa certeza de mi dirección.

martes, 28 de octubre de 2014

Noticias de sus gestos y silencios.

Y dijo que allí no podía soñar ni imaginar un futuro en donde todo sería como había pensado, que todo era oscuro y turbio. Que las paredes se encogían y la habitación se hacía más pequeña. Que el aire de su ciudad estaba contaminado de reproches y humo denso, los días llenos de sonrisas falsas, falta de amabilidad y sentimientos fingidos. La rutina, el cansancio y el egoísmo de las personas hacía que cada día su mochila pesara más a su espalda cuando salía de casa cada mañana. Y yo la miraba y pesaba en que esa mirada no debería sentir tanta angustia por el futuro y mucho menos por las personas que la dejaron atrás en su camino. Sus movimientos tan naturales y su cabeza ligeramente ladeada cuando me miraba escuchándome eran propios de una enamoradiza dulzura.

Tras el primer café y con las manos entrelazadas entre sus rodillas me confesó todo aquello que no entendía de la vida. No lograba entender por qué era tan difícil mantener aquello  que nos hacía felices y evitar a todas las personas tóxicas que solo desprendían negatividad, enfados, quejas y sensaciones desagradables. Y ella continuaba hablando y abriéndome su inestable mente mientras miraba el infinito, y yo seguía escuchándola hablar de sus miedos. Miedos de no poder alcanzar sus esperanzas, miedo de permanecer estancada en el barro y no encontrar una mano que la ayudara a llegar al mañana. Solía confiar en las oportunidades que se nos presentaban a todos, casi imperceptibles a los ojos de cualquiera pero tan radiantes a los ojos de los soñadores.

Las horas pasaban y nuestras palabras se entrelazaban a la vez que el sol dibujaba un atardecer de película a través de la ventana. Llegó un momento en el que sus silencios hablaban más que su boca y mientras se colocaba la melena por detrás de la oreja poco a poco empezó a comprender que esto en realidad no era más que una lucha de superación, ella contra su agitada mente. A través de sus ojos cristalinos me di cuenta que algo había cambiado en aquella fría tarde de otoño. La presión aumentaba y pude ver como había entendido que era un ahora o nunca, que esto solo era el comienzo de lo que más tarde progresaría hacia una cálida llama que se dilataba en el espacio hasta envolver todo con un estúpido olor de vela. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Y esto es solo una aproximación.

Como cuando a un niño le dan un caramelo y justo antes de que se lo pueda comer, se lo quitan. Como una estrella luminosa que se va apagando, siempre luchando por brillar. Como un atleta que busca llegar a su meta pero nunca aparece. Así me siento. Desconcierto, vértigos, pequeña agonía. Una indigestión de desilusiones e interrogantes que se clavan por dentro haciéndose más grandes cada vez. Siempre me pasa igual y acabo sin entender nada.

Un día, sin pensarlo, aparece algo que crees que vas a estar a punto de disfrutar, conocer, explorar, pero a su vez y sin darte cuenta llega ese violento viento que te da en la cara y que frena ese remolino de entusiasmo y emoción y yo, me vuelvo a quedar con la miel en los labios. Me quedo con las ganas de poder dar más de mi, de poder demostrar que hay algo importante por lo que luchar. Mis anclajes no pararon tus instintos ni los míos tus palabras. Yo no quiero ni pido velocidades, ni llamar a las cosas con nombres, solo ver qué depara y qué trae el presente, el futuro.

Me gustaría poder estar hablando de cosas más alegres y bonitas como risas cómplices, atardeceres en el Palacio Real, poderes que no existen o miradas que brillan. Podía estar idealizando un futuro irreal de viajes, coches y habitaciones que compartir. Pero ya ves, parece que este mundo juega conmigo de una forma irónica.

Y aquí me encuentro yo, entre el tiempo y la asimilación, la esperanza y la paciencia intentando callar mi instinto. Esto es el sentimiento. Probablemente me guste arriesgar, pero si hay algo valioso por lo que mantenerse... ¿Por qué no hacerlo? Quizá sea demasiado inocente creyendo que simplemente dejándome llevar encontraré la felicidad y pensando que esto solo puede ser un principio de dudas que acaba con un gran final de certeza.


domingo, 20 de julio de 2014

Cuando te sientes tan completo que no necesitas nada más que permanecer allí.

Creo que no sabéis lo que significa para mi. Ni siquiera os acercáis a imaginar cómo me siento cuando estoy allí. No, no lo sabéis porque no veis lo que yo puedo ver a través de mis ojos, no podéis mirar como yo lo veo, como el sentimiento se hace tan intenso que explota tan rebosante de luminosa alegría.  No, no lo sabéis. Es una sensación de felicidad absoluta, de pacer, de sentir que la vida avanza hacia un lado positivo, de libertad; sientes que estás haciendo lo que más deseas con tu vida,  que por un momento has encontrado tu lugar y por nada quieres que el tiempo allí avance pero sabes que eso no ocurrirá y al contrario de los deseos, el tiempo, los momentos, los atardeceres y esa brisa que te hace sentir tan vivo va desvaneciendo más rápido de lo que te gustaría.

Es un sitio con magia, como el cuento de Peter Pan. Lo más increíble es que no se cómo explicarme que allí he pasado unos de los momentos más felices de mi vida, que me he sentido más vital que nunca, llena de energía, que no existía los problemas, porque solo había espacio para el presente y no importaba todo lo demás.  Vivía cada segundo como si supiera que un minuto después no fuera a estar todo aquello delante de mis ojos y fuera a desaparecer porque me parece tan increíble que todavía pienso que si parpadeo, cuando abra los ojos ya no estará allí. No sé cómo explicar con palabras lo que de verdad siento. Recuerdo que con solo mirar el paisaje lloraba de la felicidad y me preguntaba por qué no puedo sentirme siempre tan increíblemente bien como allí. Los problemas, ciertos recuerdos que quiero olvidar y personas no aparecían en mi mente, no había lugar para nada malo porque el bienestar y la felicidad lo envolvía todo.

Despedirme fue lo peor, era como un nudo en la garganta insoportable que te va ahogando lentamente y te falta el aire, era como un barco que nunca llega a su destino, era agonía y angustia, era fin, era despedida. Odio las despedidas, odié despedirme de esos días, del lugar, de su aire, de nuestros nuevos amigos. Solo podía pensar en cuándo volvería a ver aquellas casas, aquellas personas fantásticas que conocí allí, aquellos rayos de sol entre las nubles, los buenos músicos tocando en la calle, las praderas de los parques, el río, sus puentes... Pero prefiero quedarme con los montones de recuerdos geniales que me hacen darme cuenta de que siempre a pesar de todo la felicidad existe, se mantiene en un rincón de nosotros, y también los lugares con magia que nos hacen sentirnos absolutamente vivos, fuertes y poderosos. ¿No podría vivir sin su aire?

Quién sabe si algún día volveré para quedarme. Si os dijera que nunca voy a volver, os estaría mintiendo y me parecería absurdo ya que mi vida allí me hace continuar adelante cada segundo en busca de la persona que quiero ser, en busca de mis sueños. Hace años prometí que regresaría y que volvería a disfrutar de cada rincón de esa fantástica ciudad y lo cumplí. Ahora, lo vuelvo a hacer.


Porque como dijo Samuel Johnson: "Cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida, pues allí se  encuentra todo lo que la vida puede ofrecer".


Big Ben

Hyde Park

Trafalgar Square

St Paul's Cathedral and Millenium Bridge

London Eye and River Thames

*Fotografías propias.

miércoles, 11 de junio de 2014

Gritando con la boca cerrada.

Como cuando ves que todo pasa por delante tuyo a una velocidad increíble, como cuando aceleras una película. Las personas siguen su vida, los días van pasando, amanece , anochece y vuelve a amanecer. Los coches esperan semáforos, aceleran, miradas que se cruzan, horas de sueño, autobuses que se pierden, tiempo que pasa y no vuelve. Al día siguiente es lo mismo pero distinto. Los edificios caen, la ciudad se destroza, los niños lloran, todo se destruye, se mastica tragedia y polvo. Aunque quieras, no puedes hacer nada.

Todo se mueve pero mis pies están quietos.

Y ahí estoy yo. Inmóvil. Mirando el vértigo del futuro, sin ni siquiera pestañear o intentar hacer algo por cambiar aquello que es inevitable. Respirando tranquilamente y sonriendo mientras mi interior se encuentra atrapado, histérico y gritando locamente queriendo escapar de un cuerpo estático.  ¿Qué pasa?

La sociedad es una mierda y tú también. No esperes nunca ser rescatado del incendio. Me quemo entre las llamas que sofocan mis pensamientos, mis idas y venidas, los segundos de mi vida. Y me doy cuenta en este caso de que si no te salvas tu, nadie lo hará. No esperes encontrar agua en el desierto ni trofeos sin ganar.

El día que abra la boca saldrá tanto fuego que no se extinguirá.

Diría que me apetece gritar, mojarme con la tormenta e irme. Quiero irme rápido y lejos, sin mirar atrás. Lo diría, pero solo lo pienso. Lo pienso constantemente e idealizo, sueño y fantaseo con vidas en una maleta, con ilusiones, con calles de otra ciudad. Pero mientras todo esto ocurre dentro de mi perímetro queriendo huir yo sigo ahí, sonriendo e inmóvil queriendo gritar pero sin hacer ruido.

martes, 15 de abril de 2014

Pero quién quiere encontrarse si nunca se ha perdido.

Me hago tantas preguntas. Tantas preguntas insignificantes que acaban olvidándose en tardes de lluvia. Tardes de esas en las que no puedes evitar recordar todo lo bueno que poco a poco se desvaneció, de la noche a la mañana, en un parpadeo, tan directo como cuando unas simples palabras formando frases te borran la sonrisa de la cara en un segundo y todo ese mundo de dos desaparece dejando una lágrima correr como una gota de agua sobre un cristal empañado. ¿Y qué sentido tuvo? Todo estaba distorsionado por sentimientos ajenos que ya no eran tan brillantes y felices como creí que lo habían sido. Y piensas en ello, es un bucle que parece infinito y te sientes tan atrapado que quieres salir, salir y salir pero te das cuenta de que ya estás dentro, hundido y atrapado hasta las rodillas. Y me recreo en esas miradas serias, en las típicas palabras vacías que nunca quieres oír, en la última vez que fuimos, en atardeceres de Madrid.

 Sonidos de tambores en el corazón de ilusiones rotas. Ilusiones. ¿Por qué son tan fáciles de crear? Siempre creyendo en ellas, imaginando que el presente no nos engaña y lo que sentimos es de verdad. Y ves, aquí lo tienes, uno de mis mayores defectos. Siempre siendo tan ilusa, seduciéndome y emborrachándome de imaginaciones futuras creyendo que algún día pueden acabar cumpliéndose. Tan fáciles de romper como una hoja seca en otoño. Que bonito sería si todo fuera de cuento, creando la historia sabiendo que se va a cumplir, que el príncipe azul será feliz eternamente con la estúpida princesa que siempre tiene demasiadas esperanzas en la cabeza.

Así fue. Como aviones cruzándose en la noche más negra. Se fueron sin verse, sin promesas, sin ser. Me llevé los bolsillos llenos de desilusiones y silencios de despedida que quería perder por el camino andando sin rumbo por una calle que odié. Fue un día nublado que parecía sacado de una película melancólica en donde los protagonistas salen perdiendo, en donde todo toma un matiz dramático y absurdo con un final en el que no sabes que sentir. Una película que ni siquiera sabes si te ha gustado, una de esas que no llegas nunca a entender pero que sin darte cuenta te encuentras llorando intentando entender por qué él se fue si aún tenían tanto que decir. 

jueves, 20 de marzo de 2014

¿Antojo o promesa? Yo lo llamo ambición.

Cuando un día sin pensar, sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué te das cuenta de todo. Salen a la luz esos sentimientos e ilusiones que estaban tan ocultos debajo de mi piel bajo capas de inseguridad e incertidumbre. Sin saber qué está pasando, sigue ahí todo ese deseo de luchar por algo tan importante que creía tener olvidado, guardado o incluso roto definitivamente. Pero de repente sin quererlo todo fue un conjunto de circunstancias. Una conversación clave, un lugar, un día agotador y un simple “y si…” apareció de manera sencilla en mi cabeza. Como si de una flecha enorme se tratase, todo apuntaba en una misma dirección a un mismo objetivo.

Parece tan absurdo que al principio lo consideras una pérdida de tiempo, algo que ni siquiera hace unos meses le dedicaba un segundo a imaginar. Vivía mi vida rápido para no pensar, evitando todo aquello que me recordaba a mi meta. Pero cuando apareció ante mí la respuesta a mis preocupaciones fue inevitable no acogerme a ella como mi última opción factible, por mucho que en otra época prometiera no volver a hacerlo.

Entonces comencé a asimilar todas estas señales que me hicieron cambiar de mentalidad y descubrir que todavía en el fondo tenía esa espina clavada, por lo que decidí que tenía que sacarla o al menos evitar que sangrara más. Y  eso, se como hacerlo.  Ese “algo” dentro de mi me decía y me sigue diciendo ahora, que, al menos por una vez más y para dejar mi conciencia tranquila, seguiré intentándolo y luchando por conseguir aquello que tanto me ha gustado y me sigue gustando. Quizá sea una pérdida de tiempo y no sirva para nada, un esfuerzo desaprovechado y malgastado, pero tampoco puedo cerrarme puertas sin ni siquiera haberlo vuelto a intentar. La esperanza es lo último que se pierde y  prefiero pensar que todo esto es posible.

jueves, 6 de febrero de 2014

La mañana es una fiesta en la que hay que entrar desnudos.

¿Por qué el cielo está más azul? ¿Qué le has hecho? ¿Por qué ya el aire no parece tan frío, ni las noches tan silenciosas? ¿Qué pasó con los diciembres tristes y las tardes melancólicas? ¿Por qué hora los días son tan brillantes y las palabras tan sinceras y poderosas?

Esa sensación de creer que nada malo puede suceder, esa. La de vivir en una burbuja tan resistente y perfecta que crees que nunca podrá romperse. Porque cuando los anocheceres tienen nombre no importa si estás en el pozo más oscuro y mugriento o sobre la montaña más alta y luminosa. Sientes que no hay razones por las que mirar atrás y mucho menos razones por las que lamentarse no estar en otro lugar o en otro posible futuro. Porque aunque me intente convencer de que existe la suerte, prefiero creer en las circunstancias, es decir, en los accidentes que ocurren en el tiempo y están unidos a la vida de alguna manera.


Me gusta creer que es posible, por ello quizás cada vez soy más paciente conmigo misma y prefiero pensar que lo mejor está por llegar, que siempre puede haber algo mejor, algo por lo que mejorar. Pero cuando de mucho en mucho tiempo te ves envuelto, rodeado y atrapado en una inmensa energía positiva, deslumbrante, llena de casualidades y felicidad, no consigo evitar que aparezca una sonrisa en mi cara. Y te preguntarás por qué. Todo es tan sencillo, simplemente apareció.  

domingo, 22 de diciembre de 2013

Sonrisas frente al espejo.

¿Nunca te has parado a pensar en todo lo bueno que te rodea? Siempre estamos quejándonos de todo, de simples problemas cotidianos que nos ahogan en días oscuros. Andamos por la vida rodeados de nuestro pequeño mundo pensando en todas aquellas historias y tontas desilusiones que nos impiden ser todo lo felices que nos gustaría. Otras veces nos encerramos en profundos pozos de preocupaciones absurdas y sin sentido. ¿Por qué? ¿Por qué siempre tiene que haber algo que nos fastidie los momentos brillantes?
En el fondo no nos damos cuenta de todo lo bonito y fantástico que podemos encontrar en cualquier lugar. En una simple mirada, una palabra o una buena mañana en uno de los días más soleados de invierno. Solo tenemos que pensar y darnos cuenta de que en ocasiones todos esos grandes problemas que  formamos en nuestra cabeza no son más que las réplicas de un simple día malo, un conjunto de consecuencias débiles, falta de sueño, o de casualidad.
Un simple cambio de mentalidad puede hacerte mejorar en todos los sentidos. Debemos ser positivos y aunque lo veamos todo negro, buscar siempre una sencilla razón por la que continuar y ver que todo no es tan malo como  parece, no todo lo malo dura para siempre. Solo tenemos que despertarnos y sonreír, ser felices.

Ahora el invierno y la navidad vienen tan cargadas de nostalgia como siempre. ¿Dónde quedaron esas navidades oscuras de hace años? Qué más da, no es momento de ponerse tan melancólico y pensar en momentos o personas que echamos de menos o en todo aquello que pudo ser y no fue. Ahora todo se renueva, las épocas cambian según las direcciones de nuestros pensamientos, como si de una ventisca de aire se tratase, todo se revuelve y de nuevo vuelve a colocarse en otro lugar. Y en ocasiones la vida da un giro tan inesperado que hace que todo cambie. Dejas atrás recuerdos buenos, malos o muy buenos. Pero todo continúa y los ciclos se cierran y se abren. Sobre todo se abren a nuevas sensaciones y momentos felices que vivir, porque no debemos quedarnos anclados en el pasado, anclados a miradas, a recuerdos de noches frías o a personas. Ahora hay que aprovechar al máximo todo lo bueno que está por llegar y vivir cada segundo buscando aquello que nos hace fuertes, felices y mejores personas. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

Por lo que muere, por lo que nace.

Dejaremos de necesitarnos. Todos lo sabemos: tú, yo, ellos, e incluso el niño que se columpia en el parque ajeno al mundo que le rodea. Será progresivo y simple como un suspiro en una noche de nostalgia y silencio. Queriéndolo o no, sucederá. Todo el mundo está envuelto en su propio mundo de logros y fracasos, de expectativas. Porque todos tenemos expectativas y algunos no pararán hasta conseguirlas ya sean abandonando su pasado o pasando por encima de los demás. Y luego, me pasa lo de siempre. Me pongo a pensar en las personas y llego a las mismas conclusiones. Algunos solo se dedican a ellos mismos buscando su propio beneficio sin pensar en nadie más, otros quieren abarcar tanto que al final se quedan sin nada.

Todo se reduce a una densa dispersión de gente intentando encontrar su felicidad en momentos, lugares o personas. La hipocresía va llenando nuestros días de auto-engaños y falsas sonrisas que cada vez se desvanecen antes. ¿Por qué esas caras largas si sabíamos que llegaríamos a este punto? El tiempo últimamente me demuestra cada vez más. Yo, sinceramente prefiero quedarme con aquellas personas que brillan y que te miran a los ojos diciéndote las cosas tal cual son, sin engaños, ni intenciones ocultas. Mirando cada día, cada amanecer sonriendo a todo aquello que comienza y merece la pena.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Dicen que si no te mata, te hace más fuerte.

Septiembre, nueva etapa comienza. Después de demasiados unos días para pensar, aquí estoy de nuevo, frente a esta pantalla con un par de ideas absurdas, recuerdos borrosos y demasiadas ilusiones dando vueltas por mi cabeza.

Creo que este año está haciendo demasiado en nosotros. Nos está haciendo madurar, caer y levantarnos, pensar en nuevos futuros, olvidar pasados que todavía forman parte nuestra, nos está haciendo ver la realidad de demasiadas cosas, de golpe y sin airbag, con miedos o sin ellos. Además está haciéndonos ver como son ciertas personas en realidad, sin disfraces, sin telón, sin personajes, solo nosotros, personas en un mismo entorno, en una misma vida. Puede que todo pase demasiado deprisa, como es mi caso. Parece que hace dos días estábamos dando la bienvenida al año con alguna copa de más e ilusiones sin romper y ya ves ahora, llevamos más de medio año vivido y con solo un sorbo de vacaciones en el vaso. Sinceramente estoy aprendiendo demasiado de ciertas experiencias, ya que todo está ocurriendo demasiado deprisa y sin botón de pause (por desgracia). Un día te encuentras en una misma habitación llena, con amigos y luchando por cerrar un ciclo y al día siguiente te encuentras en el mismo lugar con desconocidos y apenas un par de aquellos amigos que tenías al principio. Sí, todo cambia y por momentos te sientes frustrado, engañado o simplemente tonto. Tonto por confiar en personas que no lo merecían, por ayudar a gente interesada y por perder el tiempo con ellos. Como ya he dicho, este año va a dejar una gran cicatriz en nosotros que no vamos a olvidar fácilmente, porque cuando la miremos va a recordarnos esos momentos y va a hacernos mas fuertes al saber que vamos a poder enfrentarnos a eso y mucho más en el futuro.

Ahora estamos aquí, preguntándonos que nos espera en la calle tras cerrar la puerta de nuestra casa y abrir otra muy distinta unos cuantos pasos más allá. Nos seguimos preguntando cómo estamos después de que hayan pasado semanas sin vernos, pero seguiremos como ahora, sin hacer nada por remediarlo, metidos en nuestro propio mundo. Unos dejaremos que pasen diferentes y nuevas almas por él, mientras que otros cerrarán las ventanas del suyo sin querer saber nada de nadie, siendo unos necios sin corazón que no recordarán que un día les sacaste las castañas del fuego pudiendo haberles dejado que se quemaran en él.
Y la vida continuará así, demostrándonos cosas que quizás no queramos ver todavía. Tendremos que decidir caminos sin ni siquiera tener tiempo para elegir y fracasaremos más de una vez enfadándonos con nosotros mismos buscando a alguien a quién echar las culpas. Pero todo continúa y aunque puede que ahora pensemos que no tenemos la ‘suerte’ suficiente, tarde o temprano llegará un nuevo giro que nos hará encontrarnos con una oportunidad, con una ilusión o con determinada persona especial. Entonces miraremos a la vida con otros ojos, olvidaremos los fracasos y las desilusiones y miraremos a la vida de manera positiva desprendiendo un brillo que nos hará mágicos y poderosos.

domingo, 11 de agosto de 2013

Mi monólogo interior.

Otra vez yo, yo y mis pensamientos fugaces que sintonizan en mi cabeza. Algunas veces no se callan, más bien me gritan queriendo decirme que actúe y logre hacer lo que el miedo o el qué pensarán me frena. Están atrapados, los ignoro y se enfadan, se ocultan, y salen el día menos inesperado haciendo que todo lo que tenía premeditado se esfume como una gota de agua en un incendio. Y cuando aparecen, no existe remedio para evitarlos. Mis pensamientos nunca callan hasta ser escuchados. Se retuercen, molestan y pican tanto que al final caigo en su juego. Siempre me ganan, me vencen y aparecen ahí, en letras mayúsculas y en cualquier momento sin previo aviso. Siempre sé que al final esto pasará aunque en la mayoría de las ocasiones intento alargarlo lo máximo posible. En realidad siempre me pregunto por qué lo hago si al final acabo escuchándolos ya sea a la fuerza, o no. Creo que la única razón razonable de tanta opresión es el temor de conocer la verdad y realidad de lo que mi subconsciente me ofrece. 

Una vez abiertos mis canales comunicativos, todas las frases dichas, miradas, decisiones, imágenes, recuerdos, problemas y soluciones pasan por mi cabeza como si se tratasen de coches en un circuito de Fórmula 1. Tanta información se colapsa hasta que poco a poco dejo que todo fluya, entonces comienzo a comprender las cosas. Encuentro el problema de tanto conflicto entre mis pensamientos contradictorios y todo se vuelve tan sencillo y luminoso que acaba reduciéndose a una palabra: cambios.

Esta palabra siempre va unida a un “renovarse o morir” o a cualquier otra frase positiva como “solo se vive una vez”. Entonces comienzo a pensar en qué pasaría si me olvidara de todas esas personas que ya no me importan nada, que alguna vez fueron amigas, amigos, o algo más. Creo que ese “miedo” de no querer escuchar en un principio viene de esto, de los cambios que me harán pasar de personas que fueron importantes para mí, aunque ahora se me haga difícil recordar por qué lo fueron. Pienso que a lo largo de la vida pasan muchas personas por uno mismo. Unas se quedan,  otras llegan y se van, otras llegan, te marcan y se van y otras definitivamente se marchan. En ocasiones me encuentro con el valor suficiente para hacerlo, es decir, llegar un día y decirle a determinada persona que no siga hablando, que me da igual su vida, que deje de contármela porque no me importa en absoluto, que me parece falsa, que me ha fallado demasiadas veces como para seguir queriendo amistad, noches de fiesta, un hombro en el que llorar o lo que sea. En ocasiones, me pasa.

Tras darle vueltas a mi cabeza y alguna más de la cuenta, siempre vuelvo al inicio, al autocontrol. Me doy cuenta de que estos pensamientos chillones anteriores  siempre casi siempre llevan toda la razón, no sé por que me contengo a escucharlos si solo dicen gran cantidad de verdades que pienso. Tantas cosas evidentes que nadie se atreve a decir. Solo me queda decir que yo, soy una pobre ilusa al pensar que algún día todas estas verdades no explotarán en voz alta.

martes, 30 de julio de 2013

Ahora necesito un cambio, te juro que no puedo más, pero me da igual, solo me dura un segundo.

Ahora no me molesta el desorden de tus pensamientos. Ahora se ven absurdos, opacos, como si se encontraran en otra época pasada, en blanco y negro, tan kilométricos que se desvanecen. Y no me importan, ni tus ideas de futuro con la gente ni tus dulces finales de algodón. Si lo pensaras y lo habláramos despacio, ahora todo nos daría tanta pena que nos reiríamos mirándonos a los ojos. Que lástima que al final no siempre ganen los buenos. Ahora no, no pensaré en mi última jugada. ¿De qué sirve?, los finales no están escritos, los futuros tampoco y las preguntas en el aire. La próxima vez tendrás que pensar antes de actuar porque todas tus palabras se quedan grabadas, marcadas y disueltas en mi. Todo estaba estudiado, cada uno de los suspiros que desaparecieron en verano. Ahora todo es diferente y no me importa, ¿ves? esto tenía que pasar. ¿Te das cuenta? Al final tuvimos que morir para después renacer. 


sábado, 20 de julio de 2013

De recuerdos pasados y futuros memorables.

Abriremos los ojos en mundos paralelos pero diferentes. Yo, sin querer saber nada más de pasados turbios buscaré las señales que me harán seguir hacia allí. Sí, ese sitio en el que todos queremos encontrar naranjas primaveras. Quiero que los días estén llenos de brillantes amaneceres y las noches de sensaciones canallas que se alarguen hasta el infinito anochecer púrpura. Las estrellas estarán dibujando los sentimientos indefinidos que poco a poco formarán una gran constelación. Y si tengo ganas de gritar, lo haré. Nada puede hacerme perder las ganas de hacer que un día sin nombre se transforme en otro con todas tus letras. Aquellas palabras llenas de sentimiento de un miércoles cualquiera pero sin sentido se borrarán de los pasajes antiguos de mi vida. ¿Dónde aparecerás? No podemos ser dueños del pasado.

La emoción, los nervios y el temple de sentir el futuro en tus manos. Tener que decidir algo que ni siquiera sabes si llegará a su correcto desenlace hace que todo ello aumente las ganas de continuar. Nos equivocaremos y nos importará, pero sabremos que solo esto es el principio de un extenso y retorcido camino que probar. Ya sea amargo o dulce siempre hay que encontrar la razón de mirar el horizonte. La clave está en encontrar la motivación. Estamos ante esa sensación de saber que miles de momentos y experiencias están al alcance de un simple parpadeo. ¿Nos lo vamos a perder? Ya lo creo que no.


It's time that we began to laugh and cry 
and cry and laugh about it all again.

lunes, 15 de julio de 2013

Uno.

Y aquí estoy gracias a una idea, un impulso o simplemente casualidad. ¿Casualidad?, me gustaría pensar que existe esa combinación de circunstancias que no se pueden evitar, que están siempre ahí por algo. Muchas personas creen en ella, ciertas situaciones vividas o por vivir tienen ese toque mágico que hace que se crea en la casualidad. Quién sabe, algún día alguien vendrá y nos cambiará nuestras respuestas acerca del mundo. Como iba diciendo, no sé cual ha sido la causa de acabar aquí y hacer este blog, quizá sean las ganas de escribir acerca de mis pensamientos, de mis idas y venidas, de música, lugares, libros, de la vida.
Solo son letras que se unen y forman palabras, frases y párrafos con o sin sentido que te gustan, las odias o las ignoras. Unas las recuerdas porque significan algo especial para ti y son grabadas en tu mente como canciones, declaraciones o versos, otras las olvidas y las encierras en un cajón para no verlas nunca más, todas ellas tienen su significado aunque en ocasiones creas que no.


Esta primera entrada quería realizarla para presentarme, pero como no se me da bien hablar de mi directamente, lo haré a modo de "cuento" para que poco a poco me entendáis. Ahí va.


Ana era esa niña vivaracha y sonriente que vivía en un pequeño mundo de colores y vitalidad. Siempre evitaba lo triste y lo melancólico, estaba arraigada a lo vital, a la vida y los sentimientos. Vivía siempre con la idea de ir cumpliendo sueños a corto plazo, pensando en el presente, con el pasado formando parte de ella pero nunca sin olvidar el futuro. Desprendía positividad y hacía sonreír, al menos una vez en su vida, hasta a la persona que más odiaba. Le gustaba la verdad, le gustaban las personas que le decían cara a cara esas palabras que no quería oír aunque fueran necesarias. Sentía miedo de las novedades, pero una vez superadas quería más y más, no se cansaba de conocer, abrir nuevas puertas y ventanas, insistir en lo que más quería. Era una luchadora y aunque a veces sintiera el mundo del revés, siempre encontraba una razón para continuar. Porque, aunque esté todo gris y mal, si existe una única razón buena, ella pensaba que merecía la pena no tirar la toalla, continuar. Cierta ocasión la inocencia jugó con ella y aquel invierno cambiaron demasiadas cosas. Pozos y abismos que con el paso de los meses superó y así consiguió hacerse más fuerte. Ella seguiría viviendo en su colorido y ruidoso mundo siempre con alguna razón para luchar, siempre con la frente en alto, siempre fuerte hasta el final.